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Cuando Israel utiliza el agua como un arma para la presión y la coerción, la Iglesia debe actuar decididamente

La quinta reflexión de las Siete Semanas por el Agua fue escrita por el Dr. Ranjan Solomon, quien trabaja para el Foro Ecuménico Palestina Israel (PIEF), como miembro del Consejo Mundial de Iglesias y tiene su base en Goa, India.
Cuando Israel utiliza el agua como un arma para la presión y la coerción,  la Iglesia debe actuar decididamente

Gaza © CMI/Asa Elfström

Reflexión para la campaña de Siete Semanas para el Agua 2016

Semana 5

Nota: Las opiniones expresadas en esta reflexión bíblica no reflejan necesariamente las posiciones oficiales del CMI  y de la Red Ecuménica del Agua.

Por: Ranjan Solomon*

Haga clic aquí para leer el texto en árabe (pdf)

En Gaza, el 30 e incluso 40% de las enfermedades que causan la muerte están relacionadas con la pésima calidad del agua para consumo humano[1]. Los múltiples casos de enfermedades de hígado y riñón guardan estrecha relación con el alto índice de sales y elementos minerales presentes en el agua. El 95% del agua que los palestinos han consumido en Gaza durante décadas ha sido declarada no apta para el consumo humano.[2]

El bloqueo que Israel ha ejecutado diez años sobre Gaza es indiscutiblemente un acto bélico relacionado al agua. Israel tiene consciencia de que obstruir los suministros, reservas y proyectos de infraestructura hídrica, significa prolongar los daños hechos en contra de los palestinos durante los tiempos de ofensiva.

Restringir el acceso del pueblo palestino al agua significa haber cambiado su realidad de ser un recurso manejado por la comunidad  a ser una mercancía a la que la mayoría no pueden acceder. Israel ha convertido el agua en una herramienta de legítima coerción y control para alcanzar sus objetivos de ocupación. En todas las operaciones militares, Israel ha perpetuado las crisis humanitarias a través de la focalización y adopción de una implacable política de destrucción de los recursos hídricos palestinos.

A menudo, es posible localizar pueblos árabes y judíos ubicados a tan solo unas pocas millas de Gaza, que viven con diferencias escandalosas relativas a la asignación de recursos hídricos. Mientras los israelíes disfrutan de exuberantes piscinas y jardines, el pueblo palestino está obligado a sobrevivir con agua de mala calidad, que tiene mal sabor y en la que incluso se distinguen partículas flotantes. El pueblo palestino acepta esta situación porque no tiene alternativa. Agua de mala calidad es mejor que no tener agua.

Israel no solo está perpetuando un régimen de agua perverso en contra de los palestinos. A través de las restricciones, se debilitan su moral y su economía. La política de negar a las comunidades palestinas el acceso al agua en realidad debe ser vista como un instrumento de guerra que está minando la resistencia palestina. Los materiales o la maquinaria que tienen permitido el ingreso a Gaza, tales como generadores, combustible en limitadas cantidades y camiones de agua, son únicamente un intento de compensación temporal, son meros paños de agua tibia que, con dificultad, logran mitigar las consecuencias de los conflictos que Israel genera alrededor del agua.

Como resultado, en Gaza, la mercantilización del agua está cambiando los patrones tradicionales de gestión comunitaria del agua y podría cambiar para siempre la forma de la sociedad palestina. Las tensiones sociales que de ella se desprenden van a tener impactos a largo plazo sobre la vida de la población.

¿Por qué la Iglesia debe actuar?

El agua es una necesidad humana básica y los recursos para cubrirlas son dados por Dios a toda la humanidad para ser compartidos de manera equitativa. Ninguna comunidad tiene el derecho de apropiarse y monopolizar el agua y controlar las vidas de otros seres humanos al utilizarla como un arma.

Todos los seres humanos deben rechazar la idea de que los recursos económicos no puedan ser explotados para objetivos más estrictamente definidos. Todo ser humano debe ser respetado con reverencia religiosa. Dios creó a las personas a su imagen y semejanza para que en sus necesidades, especialmente en el caso de la justicia por el agua, los dones de Dios no sean vistos como meros recursos. Ellos deben ser santificados y consagrados.

La Red Ecuménica del Agua del Consejo Mundial de Iglesias afirma que la dignidad de la persona humana es el fundamento de una visión moral de la sociedad. En el contexto palestino, el valor de la vida humana está siendo socavado por el ataque intencional a civiles a través de la privación de agua. La iglesia global debe afirmar la vida y la dignidad de los palestinos mediante la afirmación de que el agua es un derecho humano no negociable. Se debe afirmar la visión universal y la verdad de que el agua pertenece a los "bienes comunes". Es un regalo de Dios para que todos compartan equitativamente. Nadie puede privar a otros del acceso justo al agua, ni puede contaminar o abusar de la santidad de esta necesidad humana básica.

El agua ofrece la vida a la tierra de Dios. El abuso a través de su privación amenaza con sufrimiento y muerte. El agua, como la presencia de Dios, es un don divino y debe ser considerada como algo sagrado, porque es un elemento esencial para la vida.

La historia de la creación no es una mera narrativa al respecto de cómo Dios creó el mundo. Es la instrucción precisa al respecto de cómo Dios espera que sus hijos sean responsables y administradores de su creación.

Los gobernantes de Israel podrían no ceder fácilmente a las presiones de la comunidad internacional a "actuar con justicia, amar con misericordia y humillarse ante Dios cuando se trata de distribuir equitativamente el agua (Miqueas 6:8). A pesar de esto, la familia ecuménica internacional está obligada a exigir el amar al prójimo como a sí mismo" ya que es un mandato bíblico (Mateo 22: 39). Los dones de Dios deben, por lo tanto, ser compartidos equitativamente. Cuando eso sucede, también estamos obligados a recordarle a Israel, a través de todos los instrumentos bajo nuestras políticas, que nosotros, como cristianos, trabajamos por la equidad del agua porque el Evangelio nos dice que debemos “amarnos los unos a los otros como él nos ha amado" (Juan 15:12).

¿Cómo puede actuar la Iglesia?

En general, las Iglesias deben convertirse en sujetos activos en pro de los derechos del agua de los palestinos.

  • Hacer que Israel rinda cuentas de sus violaciones en aspectos de agua. La Iglesia debe documentar las violaciones y producir material para el Comité Económico, Social y Cultural de Derechos que demanda a Israel actuar bajo los convenios internacionales de las Naciones Unidas, bajos los cuales Israel es signatario.
  • Las iglesias deben abogar por un cambio de situación, desde un enfoque de Derechos que traiga alivio a la población de Gaza. Esto significa movilizar el apoyo internacional a través de campañas de promoción que expongan ante el mundo los crímenes sistémicos de la guerra del agua que Israel lleva a cabo.

“El 95% del agua que el pueblo palestino se ha visto obligado a consumir por décadas ha sido certificadamente calificada como no apta para consumo humano. Las limitaciones de electricidad que han acompañado a este pueblo por casi una década han limitado su capacidad de tratamiento del agua y por consiguiente la distribución del acceso al agua para viviendas así como también el incremento de descarga de aguas no tratadas al mar”.

Muna Dajani en una política titulada Secando Palestina: Guerra sistémica de agua por Al-Shabaka, la red política Palestina


*El Dr. Ranjan Solomon trabaja para el Foro Ecuménico Palestina Israel (PIEF), como miembro del Consejo Mundial de Iglesias con base en Goa, India.

[1] A War Over Water Dries Up Good Will Between Jews, Arabs (Huffington Post)

[2] As flooding in Gaza worsens, the most basic of human rights are under threat (The Ecologist)