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Agua: fuente de conflicto y herramienta para la construcción de la paz

El autor de la sexta reflexión de la campaña de Cuaresma: Siete semanas para el agua 2017 de la Red Ecuménica del Agua (REDA) del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es el Rev. Frank Chikane.
Agua: fuente de conflicto y herramienta para la construcción de la paz

Chisatha, Malawi. ©ACT/Paul Jeffrey

El autor de la sexta reflexión de la campaña de Cuaresma: Siete semanas para el agua 2017 de la Red Ecuménica del Agua (REDA) del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es el Rev. Frank Chikane.

El Rev. Frank Chikane ha sido director general y secretario de Gabinete bajo el gobierno de los presidentes Thabo Mbeki (1999 - 2008), Khalema Motlanthe (2008-2009) y Jacob Zuma (2009) en Sudáfrica. También ha sido director general en la oficina del vicepresidente Mbeki, y subsecretario de Gabinete durante la presidencia de Nelson Mandela. Además, ha sido secretario general del Consejo de Iglesias de Sudáfrica (1987-1994). Actualmente, es el moderador de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales del CMI, y es el autor de muchos libros. Es recordado por su lucha contra el régimen del apartheid en Sudáfrica en su época de estudiante y durante el resto de su vida adulta, hasta 1994.

En la siguiente reflexión, relacionada tanto con su propio contexto como con la historia bíblica de los pozos de Isaac, el Rev. Chikane destaca la cuestión de cómo el agua puede ser tanto fuente de conflicto como herramienta para la construcción de la paz. ¡El agua tiene el potencial de crear paz cuando se comparte!  Continúa su análisis con el ejemplo del río Nilo, en el continente africano.

 

SEMANA 6

Agua: fuente de conflicto y herramienta para la construcción de la paz

17 ”Entonces Isaac se fue y acampó en el valle de Gerar, y allí se quedó a vivir; 18 volvió a abrir los pozos de agua que en los días de Abrahán su padre se habían abierto, y que después de la muerte de Abrahán los filisteos habían cegado, y volvió a ponerles los nombres que su padre les había dado. 19 Luego los siervos de Isaac cavaron en el valle, y encontraron allí un manantial de agua viva; 20 entonces los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Isaac, pues decían: «Esta agua es nuestra.»  Por eso, Isaac llamó a ese pozo «Esek»,[a] porque habían contendido con él. 21 Abrieron otro pozo, y también riñeron por él; y le puso por nombre «Sitna».[b] 22 Luego Isaac se apartó de allí, y abrió otro pozo, y ya no riñeron por él, así que le puso por nombre «Rejobot»,[c] pues dijo: «Ahora el Señor nos ha hecho prosperar, así que fructificaremos en la tierra.»".

Génesis 26:17 - 22

 

No hay duda que Dios creó el universo de manera que toda la humanidad no sólo sea interdependiente, sino que dependa también del ambiente en el cual vivimos. Este es el ecosistema de Dios, y no podemos ignorarlo. Comprendí esto siendo un joven pastor en Bushbuckridge, Mpumalanga, de donde viene mi familia en Sudáfrica. Sabíamos que, en esas tierras de pastoreo, la hierba verde y el agua eran esenciales para la supervivencia del ganado, y que también era esencial para nosotros, los pastores, tener agua y alimento en aquellos lugares lejanos de nuestros hogares. Mientras que el ganado podía beber el agua de cualquier fuente, nosotros teníamos que cavar pozos al lado del río para tener agua limpia y saludable. La colaboración entre pastores de distintas familias y distintos lugares hizo más fácil que lográsemos tener agua.

Pero esto, a veces, formaba parte del conflicto si cualquiera de nosotros pensaba que la fuente de agua era exclusivamente nuestra, en lugar de considerarla como un recurso compartido. En la Biblia, hay varios casos de personas que se pelean por el agua. La historia mencionada anteriormente de Isaac, que cava sus pozos ancestrales para conseguir agua, y al que las comunidades locales le impiden el acceso al agua, es un buen ejemplo.

Más adelante en la vida, tomé conciencia de hasta qué punto somos interdependientes con la naturaleza que nos rodea y está entre nosotros, y cómo nuestro comportamiento y la gestión de los recursos naturales nos hacen tan dependientes los unos de los otros.

Otro relato bíblico, particularmente el pasaje del largo viaje por el desierto de los israelitas desde Egipto hasta Canaán, se desarrolla en un desierto o una región semiárida. En la tierra de los moabitas, el agua era siempre un recurso escaso que determinaba dónde se asentarían temporalmente los viajeros. Así pues, el agua se convirtió en una fuente de conflicto entre ellos y los moabitas, que eran sus primos, o sus hermanos y hermanas. En mi primera visita a Jordania, me impactó que el guía turístico hiciera referencia a sus primos del otro lado del río Jordán.

En Etiopía, la campaña de Cuaresma del CMI: Siete semanas para el agua se inició este año como parte de la Peregrinación de justicia y de paz en el continente africano durante la reunión de la Comisión de las Iglesias para Asuntos Internacionales (CIAI). Allí aprendimos cosas sobre el recurso escaso del agua y por qué es fundamental abordar las necesidades y los derechos relacionados con el agua desde una perspectiva de justicia y derechos humanos. La ONU predice que, antes de 2025, dos tercios de la población del mundo podrían estar sometidos a estrés hídrico. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad moral preservar el agua dulce, no sólo para esta generación, sino para muchas generaciones por venir.

Mientras que compartimos en esta campaña de Cuaresma para la justicia del agua, mi mente me transporta a los desafíos del agua en el continente africano. Tenemos ríos grandes como el Congo y el Nilo, mientras que otras partes de África son regiones áridas o semiáridas. El río Nilo nace del corazón y el centro del continente africano y provee de agua a muchos países a su paso, hasta llegar a Egipto. ¡Una qué bendición y recurso que Dios nos ha dado! Pero está amenazando con convertirse en una fuente de conflicto, puesto que es un recurso compartido entre los países afectados. La manera en la que el agua se utiliza en el África central y del Este afecta a los que están al final del río, especialmente a la población de Egipto. Por ello, tenemos la Iniciativa de la cuenca del Nilo, para promover la cooperación pacífica entre los países afectados. En todo el mundo, hay personas que incluso predicen que la próxima guerra mundial podría girar en torno a la cuestión del uso de un recurso natural como es el agua.

No obstante, el agua tiene el mismo potencial de crear conflictos entre las comunidades que de forjar la paz entre las mismas, como vimos en el caso de Isaac, porque las gentes de Gerar no lucharon contra él cuando cavó el tercer pozo. Por ello, él lo llamó Rejobot, diciendo: “Ahora el Señor nos ha hecho prosperar, así que fructificaremos en la tierra." Isaac no había luchado anteriormente contra los pastores de Gerar cuando reclamaron el agua como suya en dos ocasiones.

Esto nos enseña que ser avariciosos con nuestros recursos, o vivir libremente a expensas de otros o en su detrimento, no es compatible con tener paz entre nosotros. Estamos condicionados u obligados a compartir los recursos por el ecosistema del Dios Creador; a protegerlos juntos y preservarlos por el bien de todos, independientemente de nuestras nacionalidades, nuestras fronteras nacionales, nuestra clase, género, etc. Para nuestra propia supervivencia, la única opción que tenemos es hacer las paces con nuestros vecinos como lo expresa Jesús en la historia del “Buen Samaritano”. Según Jesús, no se espera de nosotros solamente que amemos a nuestro prójimo, sino que vayamos más allá y amemos también a los que consideramos nuestros enemigos. Se espera que los amemos y que hagamos las paces con ellos, puesto que no podemos separarnos los unos de los otros.

En Lucas 21:19 leemos que, cuando Jesús entró en Jerusalén, lloró porque la ciudad no conocía las cosas que contribuyen a la paz. Estas cosas siguen ocultas para ellos aún hoy. No podemos tener paz construyendo muros entre nosotros que nos mantengan separados y que, además, mantengan a otros privados de los recursos comunes que Dios nos ha dado.

Durante este período de la campaña de Cuaresma sobre la justicia del agua, se nos recuerda el mensaje central de Jesús que condujo a su muerte: que él vino para que todos pudiéramos tener vida en abundancia. “Todos” significa “todos” y en “todos” - judíos y gentiles, hombres y mujeres, negros y blancos, ricos y pobres, jóvenes y viejos; del Este al Oeste, y del Sur al Norte; para toda la Creación.

 

Preguntas para la discusión:

La pregunta fundamental hoy en día es cómo nos perdimos el mensaje central de la muerte y de la resurrección de Cristo y pasamos a formar parte de la construcción de muros de separación (del apartheid), como nosotros lo experimentamos en Sudáfrica, hasta lograr nuestra libertad en 1994.

¿Por qué, como cristianos, nos hemos metido en nuestro cubículo y pensado solamente en los cristianos y no en el resto de la Creación, y no como Jesús pensó en toda la realidad creada?

¿Por qué hemos olvidado el mensaje sencillo de que Dios amó tanto al mundo, y no solo a los cristianos, sino a todo el mundo, que entregó a su único hijo para salvar en su totalidad a la realidad creada?

¿Por qué hemos olvidado el mensaje sencillo de que Dios trae lluvia para todos, ya sean creyentes o no creyentes?