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Ayudar a que el agua fluya libremente en Asia

Ayudar a que el agua fluya libremente en Asia

Participantes en la conferencia ecuménica sobre el agua en Asia visitan el lugar donde se prevé construir la gran presa en la isla filipina de Luzón.

01 de enero de 2001

Por Maurice Malanes (*)

El consejero comunitario, Danilo Torvator, y su familia tienen una desgracia en su vida. Optaron por asentarse en un valle fluvial en las laderas de la cadena montañosa, Sierra Madre, en la isla filipina de Luzón.

Torvator, habitante de una de las aldeas de las tierras bajas de Luzón, se había casado con una indígena del pueblo dumagat, cuya tribu desde siempre había considerado la cadena montañosa y sus laderas, valles y ríos como su territorio ancestral. Pero, durante los últimos 31 años, ha resultado muy difícil para Torvator y sus compañeros de la aldea retener y defender este territorio.

“No sé lo que nos ocurrirá, y nuestro futuro sigue siendo oscuro e incierto”, dijo Torvator.

Torvator habló el 30 de noviembre con un equipo integrado por representantes de varias iglesias y organizaciones eclesiales que le visitó. Esta visita formaba parte de una consulta regional, celebrada del 28 de noviembre al 3 de diciembre, sobre los derechos de las comunidades al agua y al saneamiento en Asia. Participaron en ella más de 40 personas procedentes de 12 países de Asia.

La consulta estuvo organizada por la Red Ecuménica del Agua (REDA), iniciativa cristiana que promueve el acceso al agua en todo el mundo y que recibe apoyo del Consejo Mundial de Iglesias. La consulta se celebró en la ciudad de Quezón, dentro de la zona metropolitana de la Metro Manila, y fue hospedada por el Consejo Nacional de Iglesias de las Filipinas.

La incertidumbre de Torvator sobre el futuro de su comunidad es consecuencia del proyecto III de abastecimiento de agua de la Metro Manila, iniciativa mixta del gobierno y el sector privado que incluye la construcción de una presa de 113 metros de altura en el río Laiban, en medio de la comunidad dumagat.

Si se completa, el proyecto hará que queden sumergidas 28.000 hectáreas, en las que hay siete aldeas dentro de los límites de las provincias de Rizal y Quezón. Torvator y su familia estarían entre los, al menos, 10.000 miembros de pueblos indígenas y colonos que serían desplazados.

Aprobado en 2008 y programado para su realización entre 2009 y 2010, el proyecto tiene por objeto desviar a la Metro Manila 2.400 millones de litros de agua diariamente. Los agricultores que viven aguas abajo temen que el proyecto les deje sin suministro de agua para el riego.

La amenaza para las vidas de los campesinos comenzó en 1979 cuando el gobierno del fallecido dictados Ferdinand Marcos emprendió el proyecto de la presa para producir electricidad y suministrar agua a la Metro Manila.

“Creíamos que nuestros temores desaparecerían cuando fue derrocado Marcos [en febrero de 1986], pero nos equivocábamos”, dijo Torvator, padre de nueve hijos y abuelo de catorce nietos.

El proyecto actual trata de revitalizar los planes de Marcos, el cual había empezado ya a realizarlos construyendo un edificio de cemento como parte inicial de la estructura de la presa. Torvator expresó su esperanza: “Si hemos sobrevivido a Marcos, quizás podamos sobrevivir a este proyecto actual”.

La persistente resistencia de los campesinos ha continuado retrasando la construcción de la presa.

La resistencia al proyecto ha resultado arriesgada, e incluso mortal, para los campesinos y para quienes los apoyan. En 2006, Noel Capulong del Movimiento de acción medioambiental de Tagalog del Sur, que apoyaba la causa de los campesinos contra la presa de Laiban, fue asesinado por unos agresores que le dispararon desde una motocicleta.

La resistencia continua de los campesinos ha hecho que el gobierno estacione tropas en la comunidad. Los miembros del equipo visitante, que habían alquilado jeeps de transporte filipinos llamados “passenger jeepneys” para llegar a la comunidad dumagat, tuvieron que pasar por dos controles militares.


Simpatía y apoyo

El Rev. Daniel Gnanasekaran, de la Iglesia Luterana Arcot de la India, hizo suyo el dolor del pueblo Dumagat y otros colonos. “Durante mucho tiempo”, dijo, “nosotros, los dalit, hemos luchado también por el derecho a nuestras tierras y a un recurso básico como es el agua”.

Los dalit, afirmó, han padecido infinidad de angustias e indignidades por estar privados de tierras. Observó la misma angustia entre los campesinos afectados por el proyecto de la presa de Laiban. Los campesinos dijeron que tras los muchos años de cultivar sus tierras, producir diversos cultivos de raíces, frutas, arroz y maíz, el arrancarlos de su comunidad equivaldría a sacarlos de los sistemas que sustentan la vida.

Por su parte, Hans Petter Hergum del Organismo de Ayuda de la Iglesia Noruega estimuló a los dirigentes eclesiales locales a continuar demostrando a los dumagat y a otros pueblos afectados que “no están solos” y que tienen quienes les apoyen dentro y fuera de Filipinas.

El Obispo Joselito Cruz de la Iglesia Filipina Independiente ha ofrecido una de sus capillas situadas dentro de la comunidad afectada como “un santuario” en el que pueden organizarse reuniones de planificación.

Algunos participantes se ofrecieron a emprender campañas en sus propios países para apoyar la lucha de los campesinos filipinos contra la presa de Laiban. Otros informaron sobre sus propias iniciativas para ayudar a las comunidades a tener acceso al agua potable y a instalaciones sanitarias.


Agua viva

Amity Foundation, un grupo cristiano chino, ha emprendido lo que denomina el “Proyecto de Agua Viva”. Está destinado a las comunidades asentadas en mesetas y colinas, para ayudarlas a que, con sus propios medios, construyan sus pozos y extraigan agua de las fuentes de las montañas.

Según Tong Su de Amity Foundation, una de las cosas buenas del proyecto es que está impulsado por la comunidad y no por los donantes. Los mismos miembros de la comunidad, incluyendo estudiantes y jóvenes, participan en el proyecto ofreciendo su fuerza de trabajo o ayudando a recaudar fondos entre ellos mismos. “Este proyecto es nuestra propia forma de hacer algo concreto para ayudar a los campesinos a tener acceso al agua, porque la acción es amor y el amor no termina nunca”, concluyó.

Otros defensores de los derechos al agua, entre ellos, los de India, Bangladesh, Nepal e Indonesia, informaron sobre sus propios proyectos de obras hidráulicas tales como pozos entubados. En muchos de estos proyectos se han centrado sus esfuerzos en hacer participar a los pobres y a los más pobres.

En algunos países en los que los proyectos de obras hidráulicas tienen que luchar no sólo con la burocracia, sino también con la corrupción, los defensores de los derechos al agua han integrado también en sus iniciativas la “buena gobernanza”. Ejemplo de ello es la acción realizada en Camboya.

La coordinadora de la Red Ecuménica del Agua, Maike Gorsboth, ofreció a los participantes sugerencias específicas sobre cómo pueden emplear con eficacia el derecho humano universal al agua como un argumento convincente en sus propios contextos locales.

“Utilicemos este instrumento crucial para fortalecer nuestra acción incluso cuando instamos a la REDA que extienda el respeto de este derecho”, dijo Gorsboth.

Como parte del taller de clausura de la consulta de cinco días, los participantes intercambiaron pequeñas botellas de agua llenas con muestras procedentes de varias regiones de todo el mundo. El rito simbolizó y selló el compromiso de los participantes en el culto de utilizar sus capacidades para ayudar a que el agua fluya libremente y sea accesible a todos, especialmente a los más pobres y marginados.

(*) Maurice Malanes es un periodista independiente de Filipinas. Actualmente es corresponsal de Noticias Ecuménicas Internacionales (ENI) y colabora también con el periódico de Manila “Philippine Daily Inquirer” y con la agencia de noticias Union of Catholic Asian News (UCAN) con sede en Bangkok .

Más información sobre la Red Ecuménica del Agua: water.oikoumene.org

Consejo Nacional de Iglesias de las Filipinas