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Agua: de atributo espiritual a factor de discriminación en tierra santa

La cuarta reflexión de las Siete Semanas por el Agua, está elaborada por el Dr. Michael Jalakh, que es el Secretario General del Consejo de Iglesias de Oriente Medio. Él es un católico maronita proveniente de Beirut-Líbano. En esta reflexión él destaca que el agua tiene un significado espiritual muy fuerte ligado a la “Tierra Prometida”. Sin embargo, él sostiene que debido a la ocupación de los territorios palestinos, sus habitantes viven privados del precioso líquido vital. Jalakh además nos llama la atención acerca del hecho de que Palestina es uno de los países del mundo que más sufre estrés hídrico.
Agua: de atributo espiritual a factor de discriminación en tierra santa

© Ze'ev Barkan

Reflexión para la campaña de Siete Semanas para el Agua 2016

Semana 4

Nota: Las opiniones expresadas en esta reflexión bíblica no reflejan necesariamente las posiciones oficiales del CMI  y de la Red Ecuménica del Agua.

Por: Michel Jalakh

Haga clic aquí para leer el texto en árabe (pdf)

La brecha existente entre la demanda y el suministro de agua en Medio Oriente y la necesidad urgente de reducir esa brecha, son factores que requieren ser discutidos seriamente. Debemos determinar los desafíos y las oportunidades que tenemos a la mano para asegurar la sostenibilidad del agua en la región. Ahora, en tiempo de Cuaresma, y bajo la mirada y la atención de organizaciones internacionales,no gubernamentales y humanitarias preocupadas por el tema del agua, debido a su importancia para la continuidad de la vida, y ya que coincide con la celebración del Día Mundial del Agua, varias preguntas se levantan en relación al Medio Oriente, como un todo, y a Tierra Santa, en particular.

El agua es una necesidad básica de la vida diaria y no se puede prescindir de ella por su importancia para los seres humanos, los animales y las plantas. Recordemos que desde siempre, los pueblos y las ciudades se han establecido alrededor de las fuentes de agua. En ese contexto, el Apóstol Pedro dice: “…en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste” (2 Pedro 3:5).

Desde tiempos remotos, la vida en Tierra Santa depende del agua que proviene de las lluvias, de los manantiales que nacen en las zonas montañosas y de los ríos que la bañan. En un principio fueron los cananeos quienes inventaron –los israelís lo hicieron después- maneras de proteger las fuentes de agua de los ataques de sus enemigos. Ellos cavaban túneles para llegar a pozos de aguas subterráneas y estanques, algunos de los cuales han sido descubiertos en ciudades palestinas.

Antes de entrar a describir la actual situación del agua, revisemos las particularidades que nos plantea la Biblia al resaltar su importancia en la vida de la comunidad. Los textos bíblicos mencionan al “agua” muchas veces, en tanto la establecen como una de las necesidades vitales del ser humano (Génesis 21: 14-19), y esto está ilustrado con fuerza en el pasaje que relata lo acontecido a David cuando puso en peligro a los valientes guerreros haciendo que ellos le lleven agua del pozo de Belén (1 Crónicas 11:17-19).

El agua es usada metafóricamente para expresar numerosas ideas, como cuando simboliza la salvación de Dios, al Isaías decir: “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación” (Isaías 12:3). De la misma manera, el agua es usada en el bautismo como símbolo de la muerte con Cristo, su sepultura y resurrección. Jesús sorprende a Nicodemo con el nacimiento en agua cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5). Jesús también habló con la mujer samaritana acerca del “agua viva” en el pozo de Sicar, cuando le dijo que cualquiera que beba de esa agua nunca volverá a tener sed (Juan 4:14). De hecho, Jesús concluye su vida en la tierra diciendo: “Tengo sed”. (Juan 19:28)

Desde la dimensión espiritual a la realidad cotidiana, al comenzar el 2016, numerosos estudios indican que se espera que alrededor de 33 países del mundo enfrenten severas crisis de falta de agua hacia el 2040, especialmente los países localizados en Medio Oriente, donde el agua es escasa y, por tanto, su demanda se intensifica.[1]

Otros estudios incluso predicen que 13 países de Oriente Medio –con los territorios palestinos a la cabeza- enfrentarán una severa crisis dentro de 25 años. Palestina está entre los ocho países del mundo que con mayor certeza atravesarán esta crisis.

Palestina, como los otros países de la región, sufre una de las mayores crisis de acceso al agua y la gente identifica como una de las principales causas de este problema a la ocupación israelí y su control sobre las fuentes de agua, que incluye la privación y el uso adecuado y digno del líquido vital a millones de palestinos.

El problema se ha agravado debido a los acuerdos firmados, que generalmente han sido injustos para el pueblo palestino, pues les han impedido el acceso, sin respetar su derecho natural al agua. Israel, que ya controlaba el agua antes de la firma de los Acuerdos de Oslo, lo continúa haciendo incluso después de Oslo, pero hoy ejerce control bajo el título de “sociedad”. Es lamentable observar que la comunidad internacional acepta este tipo de prácticas o que al menos permanece en silencio respecto de ellas, con el pretexto de que se busca que el proceso de paz sea exitoso.

Volviendo atrás, al comienzo de la problemática –esto quiere decir después de la ocupación de Cisjordania en 1967- Israel ocupó el río Banias, que suple de agua al río Jordán, y la zona de los Altos del Golán, que es muy rica en recursos hídricos. La situación del agua no ha cambiado en Palestina desde esa época. Hoy los palestinos enfrentan muchos desafíos para acceder al agua, especialmente cuando requieren perforar nuevos pozos, descargar manantiales, ampliar tuberías, y hacer mantenimiento de pozos. En contraste, las autoridades israelís siguen destruyendo las instalaciones de agua de la zona palestina, argumentando falta de permisos de funcionamiento.

Pero aun hay más violaciones, ya que Israel comenzó sus agresiones desde 1964, cuando comenzó a explotar el agua de la cuenca del río Jordán sin tomar en cuenta los derechos de los estados o poblaciones que comparten este río. De acuerdo a la ley internacional “Plan Johnston 1955” o al “Plan Unificado de Agua del Valle del Jordán”, los palestinos tienen derecho a alrededor de 200 millones de metros cúbicos de agua proveniente del río Jordán, pero realmente a lo que ellos acceden es muy poco e insuficiente. La razón expuesta en este caso es que el Canal West Ghor nunca fue construido debido a la ocupación israelí de Cisjordania en 1967[2] . Además, Israel también drenó el Lago Hula y transfirió las aguas del río al desierto del Negev, con el pretexto de la necesidad de reverdecer el desierto, a sabiendas de que el 97% de este desierto permanece sin cultivar, por lo tanto, este hecho constituye el peor y más grande desperdicio de agua.

En conclusión, se puede decir que la ocupación israelí es el factor más determinante en la crisis del acceso al agua que se vive en Tierra Santa, por razones políticas y posiblemente también religiosas, ya que la Biblia menciona al agua un sinnúmero de veces, especialmente relacionándola a la Tierra Prometida. Desde acá nosotros elevamos nuestras oraciones, ayunando y pidiendo a Dios que proteja a Su pueblo, que lo llene de Su gracia, que tenga compasión de ellos y de su tierra, que es un regalo de Dios que se ha convertido en una maldición para los habitantes de Jerusalén y de los territorios ocupados, debido a la escasez de agua.

 


*El Dr. Michel Jalakh, es el Secretario General del Consejo de Iglesias de Medio Oriente; es un católico maronita proveniente de Beirut, Líbano

[1] Ranking the World’s Most Water-Stressed Countries in 2040

[2] Water and Economic Justice, March 2014 - Friends of the Earth International (pdf)