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El agua y el cambio climático

La quinta reflexión de las siete semanas para el agua 2020 de la Red Ecuménica del Agua del CMI es obra de Dinesh Suna, coordinador de la Red Ecuménica del Agua del Consejo Mundial de Iglesias.
El agua y el cambio climático

Foto: Albin Hillert/WCC

La quinta reflexión de las siete semanas para el agua 2020 de la Red Ecuménica del Agua del CMI es obra de Dinesh Suna, coordinador de la Red Ecuménica del Agua del Consejo Mundial de Iglesias. Dinesh Suna es luterano y viene de la India. En la siguiente reflexión, analiza la pandemia del COVID-19 y la importancia de “lavarse las manos” en un momento en el que el acceso a este servicio básico no está disponible para millones de personas, con especiales repercusiones para los niños. Dedica esta reflexión al Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo con el tema “El agua y el cambio climático".

Texto: 2 Reyes 5: 9-14

Reflexión

Cuando Naamán, el comandante del ejército, que sufría de lepra, fue a encontrarse con el profeta Eliseo con la expectativa de ser curado, Eliseo simplemente le pidió que se lavara en el río Jordán siete veces. Naamán, obviamente, se sintió molesto y estuvo a punto de no seguir las instrucciones de Eliseo, ya que la “cura" de su enfermedad era un remedio tan simple. No obstante, cuando obedeció, se curó milagrosamente.

Escribo esta reflexión en un momento en el que el mundo está bajo el control de este nuevo virus, el coronavirus o COVID-19. Nuestras pantallas de televisión, periódicos y redes sociales hablan sobre la pandemia mundial que ha paralizado al mundo a pleno volumen, las veinticuatro horas del día. En unos tres meses, el virus, detectado por primera vez en Wuhan, en China, se ha extendido a más de 180 países y se ha saldado con más de 265 000 casos de infección y más de 11 000 muertes a día de hoy.  Mientras que los datos de China muestran por primera vez que no hay ningún caso de coronavirus en este momento, en Europa (y, en particular, en Italia, Francia, Alemania, Suiza y los Estados Unidos) el virus aún no ha alcanzado sus cotas más elevadas. Según las predicciones de The Economist Intelligence Unit (EIU), el COVID-19 podría infectar al menos a la mitad de la población mundial con un número impensable de muertes si no se aplican las medidas más estrictas.  Muchos países estarán bloqueados durante las próximas semanas y meses, y se aconseja a todos, incluyéndome a mí, que permanezcamos confinados en nuetras casas, aislados, para frenar la propagación del virus. Hasta ahora, no hay cura para esta pandemia y no se vislumbra la posibilidad de una vacuna en un futuro próximo. El consejo más importante y generalizado ante la pandemia es “lavarse las manos”.  Podría parecer paradójico que exista una forma tan sencilla de prevenir el virus más contagioso y probablemente el más letal que se haya visto en el siglo XXI, que es lavarse las manos con agua y jabón.  Esto me recordó a la historia de Naamán. Sin embargo, tal vez nos sorprenda constatar que no es posible que todas las personas del mundo se laven las manos varias veces al día para evitar la infección, simplemente porque no tienen un acceso adecuado a agua potable y limpia para beber y, mucho menos, para lavarse las manos. Con este fin, para animar a los niños de los países en desarrollo, el 15 de octubre se reconoce como el “Día mundial del lavado de manos”. ¿Te imaginas lo difícil que es lavarse las manos sin un grifo en casa o en la escuela? Sin embargo, esa es la realidad para millones de niños en todo el mundo.

Ahora, pasemos al tema de la reflexión, “el agua y cambio climático”.  Este tema se deriva del tema del Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo de 2020. El cambio climático es uno de los temas más urgentes de nuestros tiempos. Los seres humanos hemos saqueado los recursos de la tierra por nuestra codicia y ansia de comodidad. Como resultado, el cambio climático se está acercando rápidamente al “punto de inflexión" de un cambio irreversible hacia la muerte y la destrucción de nuestro planeta. Los efectos del cambio climático se hacen sentir con el aumento de las temperaturas máximas, el aumento de las temperaturas mínimas, la elevación del nivel del mar, el aumento de la temperatura de los océanos, las precipitaciones irregulares que provocan inundaciones y sequías, la disminución de los glaciares, el deshielo del permafrost, etc. Todo esto sucede cíclicamente, y un fenómeno desencadena el otro. Las consecuencias indirectas del cambio climático, que nos afectan directamente a nosotros los seres humanos y a nuestro medio ambiente, incluyen el aumento del hambre y de las crisis de agua, así como de los problemas de salud, especialmente en los países en desarrollo.

Un informe de política sobre el cambio climático y el agua elaborado por ONU-Agua afirma: “La crisis mundial del cambio climático está inextricablemente vinculada al agua. El cambio climático está provocando el aumento de la variabilidad del ciclo del agua, induciendo así fenómenos meteorológicos extremos, reduciendo la previsibilidad de la disponibilidad de agua, disminuyendo la calidad del agua y amenazando el desarrollo sostenible, la biodiversidad y el disfrute de los derechos humanos al agua potable y el saneamiento en todo el mundo”. Hay importantes beneficios colaterales en la gestión del cambio climático y el agua de una forma más coordinada y sostenible. En 2015 se adoptaron tres importantes compromisos mundiales:[1]

1)     Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) - 17 objetivos mundiales que tienen como objetivo poner fin a todas las formas de pobreza y hambre, luchar contra las desigualdades, hacer frente al cambio climático y lograr agua limpia para todos.

2)     El Acuerdo de París de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que subraya la necesidad de limitar el aumento de la temperatura media mundial a un nivel muy inferior a 2°C por encima de los niveles preindustriales.

3)     El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030

 

Los tres mecanismos de compromiso mudial tienen una cosa en común: el agua. Dado el carácter esencial del agua para el logro de estos objetivos, puede desempeñar el papel de conector entre ellos, reforzando y fortaleciendo los compromisos de cada país para mitigar el cambio climático y adaptarse a él, reducir los riesgos de desastre, poner fin a la pobreza y la desigualdad y “no dejar a nadie atrás”.

Se estima que 3600 millones de personas en todo el mundo viven ahora en zonas que potencialmente tienen escasez de agua al menos un mes al año. Según el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo[2], esta cifra aumentará a 4800/5700 millones de personas para 2050, creando así una competencia sin precedentes entre los usuarios del agua y a través de las fronteras políticas.[3]

El cumplimiento del Acuerdo de París de limitar el aumento de temperatura a 2°C por encima de los niveles preindustriales puede tener enormes repercusiones en los recursos hídricos con respecto a la propuesta de modificación del acuerdo de limitarlo a 1,5°C,  ya que puede aumentar el estrés hídrico inducido por el cambio climático hasta en un 50%. El 70% del uso del agua dulce se destina a la agricultura y a la producción de alimentos. Un aumento del 50% en el estrés hídrico significa una severa escasez de alimentos, a menos que cambiemos nuestros hábitos alimenticios a una dieta principalmente vegetariana.

El contexto del Pacífico:

Mientras que el resto del mundo está viendo el impacto del cambio climático a través del exceso de agua (inundaciones) o la falta de agua (sequía), la región del Pacífico está siendo testigo de experiencias mucho más impactantes. Sus tierras están desapareciendo por el aumento del nivel del mar. En una reciente visita a Fiji, en enero de 2020, formé parte de una delegación de la peregrinación de justicia y paz del Consejo Mundial de Iglesias.  Fuimos a Vunidogoloa, una aldea reubicada, la primera de las 400 aldeas que se planificó reubicar debido al impacto del cambio climático por el aumento del nivel del mar. Junto con la aldea, los habitantes perdieron sus tierras y los recuerdos de generaciones.

Las islas del Pacífico están rodeadas de agua. Sin embargo, la disponibilidad de agua dulce sigue siendo un desafío con la creciente incursión del agua salada en las fuentes de agua dulce. Muchos de los arroyos y riachuelos de agua dulce se están viendo afectados por el cambio climático.  The Rime of the Ancient Mariner (la balada del marinero de añtaño) del poeta inglés Samuel Taylor lo expresa muy bien: “Agua, agua por todas partes y ni una gota para beber”. El resto está siendo embotellada por las industrias de agua embotellada como Fiji Water, una empresa estadounidense.

 

Preguntas para el debabe

  • Como resultado de COVID-19, la atmósfera de la Tierra ha mejorado significativamente, con una menor emisión de gases de efecto invernadero. Han aparecido aves, peces y animales en las ciudades. ¿Cree que la naturaleza está “reclamando” su espacio a través del COVID-19?
  • ¿Por qué y cómo el agua conecta los ODS, el Acuerdo de París y el Marco de Sendai?

Acciones

  • Posibilidad de organizar un pequeño taller para conmemorar el Día Mundial del Agua (22 de marzo) / Día de la Tierra (22 de abril) en su iglesia. Si la reunión física no fuera posible debido a las restricciones del COVID-19, también sería posible organizar un webinar a través de Zoom, Skype etc.
  • Promover la higiene del lavado de manos en las escuelas / escuelas dominicales. Hacer una demostración del lavado de manos.

Recursos



[1]https://www.unwater.org/app/uploads/2019/10/UN_Water_PolicyBrief_ClimateChange_Water.pdf

[2] Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo 2018: soluciones basadas en la naturaleza para la gestión del agua (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, París, 2018).

[3]https://www.unwater.org/app/uploads/2019/10/UN_Water_PolicyBrief_ClimateChange_Water.pdf